María Trinidad Sánchez.– Lo que para muchos resultaría impensable, en una comunidad costera del municipio de Cabrera es parte normal del paisaje: un cementerio ubicado literalmente entre la arena y el mar Caribe, conviviendo con bañistas, pescadores y visitantes extranjeros.
El singular camposanto se encuentra en la playa Los Cocos, en el distrito municipal La Entrada, donde decenas de tumbas permanecen a la vista de todos, algunas a pocos metros del oleaje. Allí, el descanso eterno comparte espacio con la vida cotidiana, las actividades recreativas y el turismo.

La peculiaridad del lugar salió recientemente a la luz gracias a un reportaje del canal de YouTube Capricornio TV, dirigido por el comunicador Pablo José Rodríguez Cuello, conocido por recorrer zonas poco exploradas del país y mostrar realidades que rara vez llegan a los grandes medios.
Durante el recorrido audiovisual, se pueden observar nichos abiertos, coronas aún conservadas y flores frescas sobre montículos de arena, todo bajo la brisa marina. Algunas sepulturas están tan cubiertas de arena que caminar por la zona sin pisarlas se vuelve una tarea difícil, lo que provoca asombro entre quienes visitan el lugar por primera vez.

Rodríguez Cuello, quien adoptó el nombre de “Capricornio” en honor al signo zodiacal de su madre, ha ganado notoriedad precisamente por documentar estas historias del llamado “país profundo” con un enfoque directo y sin artificios.
De acuerdo con el testimonio de Tony Pichardo, propietario de un restaurante cercano, el cementerio no siempre estuvo allí. Explicó que originalmente se encontraba en la playa Rollo Salado, pero fue trasladado por decisión de la familia Bermúdez, dueña de la finca costera, con la intención de separar el área de enterramientos de la zona con mayor potencial turístico.

Pichardo agregó que este tipo de prácticas no es del todo inusual en algunas comunidades del litoral dominicano, recordando que en otros pueblos costeros, como Las Terrenas, también han existido cementerios cercanos al mar.
Hoy en día, el lugar se ha convertido en una curiosa atracción. Cada semana llegan autobuses con decenas de turistas extranjeros que recorren el cementerio, escuchan las explicaciones de guías locales y luego continúan su visita por la playa. Algunos acuden movidos por lo inusual del sitio; otros, por la calma que transmite la convivencia entre la memoria de los fallecidos y el entorno natural.

Para los residentes, sin embargo, el espacio va mucho más allá de la curiosidad turística. Un joven del lugar relató con naturalidad que recientemente sepultaron allí a un vecino, fallecido por complicaciones cardíacas. Otro expresó con orgullo y nostalgia: “Ahí están mi mamá, mis hermanos, mis viejos”, dejando claro que también espera algún día descansar en ese mismo rincón frente al mar.
Así, entre olas, arena y recuerdos, este cementerio en la costa de Cabrera sigue siendo un símbolo de identidad, tradición y una muestra de cómo la vida y la muerte pueden coexistir en un mismo paisaje.
