El dirigente político reveló por primera vez su condición de salud desde el nacimiento y recordó el momento familiar que dio origen al famoso “Entren to’”
Más allá de la consigna que con el tiempo se volvió viral, meme político y grito de batalla, existe un Ramón Alburquerque poco conocido: el hombre que creció enfrentando limitaciones físicas, pobreza y múltiples cirugías, pero que nunca permitió que las adversidades definieran su destino.
Durante una entrevista reciente, el dirigente compartió una parte íntima de su historia personal que hasta ahora había mantenido en silencio: su condición de salud desde el nacimiento y los obstáculos médicos que marcaron su niñez.

El relato conmovió a muchos. Entre ellos, a madres y padres que han vivido procesos similares con sus hijos, quienes encontraron en su testimonio una inyección de esperanza. Su experiencia se convirtió en prueba viva de que, aun cuando el camino arranca cuesta arriba, es posible avanzar.
Ni la precariedad económica, ni las decenas de intervenciones quirúrgicas, ni las barreras sociales lograron detenerlo. Quienes le escuchan describen a Alburquerque como un luchador incansable, un hombre que convirtió cada dificultad en combustible para seguir peleando hasta el final.
La dignidad por encima del talento
En la conversación, Alburquerque reflexionó sobre el valor del coraje como motor de vida.
Sostuvo que el talento por sí solo no basta si no está acompañado de valentía y determinación. A su juicio, vivir sin dignidad resta sentido a cualquier logro.
Ese pensamiento, explicó, ha guiado muchas de sus decisiones personales y políticas.
El origen íntimo de “Entren to’”

También relató, en tercera persona, el episodio familiar que dio nacimiento a la frase que años después se convertiría en símbolo.
Contó que tras una jornada intensa de reuniones y tensiones con altos mandos militares y dirigentes políticos, llegó a su casa exhausto y se levantó más tarde de lo habitual. Mientras descansaba, sus hijos ya habían ido al colegio.
Allí, compañeros de clases les comentaron lo que habían visto en televisión: su padre había pronunciado con vehemencia la expresión “entren to’”.
Los niños, sin comprender el contexto político ni la carga de la frase, regresaron a casa repitiéndola con inocencia.
Fue su hijo menor, apenas de cinco años, quien se lo contó con naturalidad. Al escuchar la historia en boca de sus pequeños, Alburquerque no reaccionó con enojo ni orgullo, sino con lágrimas.
Se quebró.
Dijo que aquel momento le tocó el alma más que cualquier enfrentamiento público. Después de un acto que muchos calificaban de heroico, terminó llorando en el suelo de su casa, conmovido por la pureza de sus hijos.
Amigos cercanos lo animaron entonces a levantarse y continuar la lucha política que apenas comenzaba.
Explicó que su llanto no fue por presión ni miedo, sino por amor. Le dolió imaginar a sus hijos repitiendo una frase fuerte sin entender su significado, expuestos al ruido de la política siendo todavía tan pequeños.
El hombre detrás del personaje
Lejos del eslogan, la anécdota revela a un padre sensible, vulnerable, profundamente humano.
Esa dualidad —firmeza en público, fragilidad en privado— es la que, para muchos, define mejor su trayectoria.
La historia de Ramón Alburquerque no es solo la de una frase que se volvió popular. Es la de un sobreviviente que convirtió cicatrices en carácter, limitaciones en fuerza y tropiezos en impulso.
Un recordatorio de que, a veces, los verdaderos gladiadores no gritan más fuerte: simplemente se levantan cada vez que la vida los tumba.
