La comunicación gubernamental debería ser una herramienta para informar con transparencia y rendir cuentas a la ciudadanía. Sin embargo, en República Dominicana, la iniciativa “La Semanal con la Prensa”, encabezada por el presidente Luis Abinader, ha despertado un intenso debate: ¿se trata realmente de un espacio para la rendición de cuentas o de un espectáculo mediático cuidadosamente montado?
La Semanal: ¿una estrategia que perdió credibilidad?
En teoría, La Semanal nació con la intención de acercar al presidente a los medios y brindar información clara sobre la gestión del gobierno. No obstante, con el paso del tiempo, muchos dominicanos perciben que este espacio ha perdido su esencia y se ha convertido en un show político, más enfocado en la imagen presidencial que en resolver las preocupaciones del pueblo.
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Las transmisiones son impecables desde el punto de vista técnico, pero la falta de profundidad en las preguntas y la selección de periodistas afines generan dudas sobre la autenticidad del diálogo. Lo que debía ser un ejercicio de apertura, hoy parece un guion preparado para reforzar la narrativa oficial.
Periodistas complacientes y evasivas oficiales
Uno de los principales cuestionamientos hacia “La Semanal” es el tipo de preguntas que se permiten. Muchos periodistas invitados evitan tocar temas incómodos, mientras otros formulan cuestionamientos demasiado superficiales.
Las problemáticas reales del país, como la inseguridad, el costo de la vida, el desempleo juvenil y el mal manejo policial, quedan relegadas a un segundo plano, la reforma policial ha quedado en promesas. Cuando el presidente Abinader es consultado sobre estas crisis, suele responder que se están implementando reformas “que llevan tiempo”, sin ofrecer soluciones concretas o plazos definidos.
Esta dinámica ha generado frustración en la ciudadanía, que percibe que la comunicación del gobierno sirve más para defender su imagen que para asumir responsabilidades.
El uso de estadísticas como cortina de humo

Otro elemento criticado en “La Semanal” es el abuso de estadísticas. Frente a cuestionamientos incómodos, el presidente y su equipo recurren constantemente a cifras que, en muchos casos, no reflejan la realidad cotidiana del dominicano común.
Estas “supuestas estadísticas” funcionan como una herramienta de distracción política, que busca desviar la atención de los problemas estructurales hacia indicadores maquillados de progreso.
El resultado es una comunicación unidireccional, donde se imponen los números oficiales y se desestima el sentimiento ciudadano.
Análisis y opinión final
La idea original de “La Semanal con la Prensa” tenía un propósito valioso: fortalecer la relación entre el gobierno, los medios y el pueblo. Sin embargo, en la práctica, ha fracasado en ese objetivo.
Lo que pudo ser un puente de confianza se ha transformado en un escenario de autopromoción política, donde se evita el cuestionamiento y se refuerza la figura presidencial.
En un país con tantas precariedades y desafíos sociales, la transparencia no puede ser un espectáculo, ni la comunicación un instrumento de marketing. La ciudadanía necesita hechos, respuestas y decisiones reales, no discursos ensayados cada lunes.
Conclusión
En definitiva, “La Semanal con la Prensa” no ha fortalecido los vínculos entre el gobierno y la sociedad, sino que los ha debilitado.
Si el objetivo era demostrar transparencia, el resultado ha sido el contrario: una puesta en escena que, lejos de informar, entretiene sin convencer.
