Los jóvenes dominicanos desconfían cada vez más de la política. En Entérate Cómo, Yokeira Rivas analiza las causas de este desencanto generacional marcado por promesas vacías y falta de oportunidades reales.
Una juventud desencantada con la política tradicional
En la República Dominicana crece una generación que ya no cree en los discursos políticos ni en los supuestos cambios.
Los jóvenes observan con escepticismo cada campaña electoral, escuchan las mismas promesas de empleo, educación y oportunidades, y terminan viendo cómo, una vez en el poder, los políticos desaparecen de los barrios que juraron transformar.
Desde Entérate Cómo, la periodista Yokeira Rivas reflexiona sobre este fenómeno que define la mentalidad de buena parte de los jóvenes dominicanos: una desconfianza estructural hacia el sistema político y sus representantes.
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“Los políticos solo se acuerdan de nosotros cuando necesitan votos, después ni pasan por aquí”,
comenta un joven residente en Villa Mella entrevistado por el equipo de Rivas.
Esta percepción, repetida en distintos sectores del país, refleja una ruptura generacional entre la clase política y la juventud que alguna vez creyó en el cambio.
Las promesas que nunca llegan a los barrios

Uno de los mayores detonantes del desencanto juvenil es la falta de cumplimiento de las promesas electorales.
Durante los periodos de campaña, los barrios se llenan de visitas, banderas, promesas de empleos, canchas deportivas y becas.
Pero al pasar las elecciones, todo vuelve a la normalidad: calles sin alumbrado, falta de oportunidades y jóvenes que siguen luchando por sobrevivir entre el desempleo y la informalidad.
El problema no es solo económico, sino también emocional y simbólico.
Muchos jóvenes sienten que el sistema político les mintió, los utilizó y los olvidó.
Esta sensación ha generado un rechazo generalizado hacia los partidos, los líderes y hasta las instituciones del Estado.
“Cuando ves que nada cambia, dejas de creer en todos”,
expresa una estudiante universitaria de Los Alcarrizos, al explicar por qué nunca ha votado.
Redes sociales: la nueva tribuna de una generación sin voz
A diferencia de generaciones anteriores, los jóvenes dominicanos ya no confían en los mítines ni en los discursos televisados.
Su escenario de expresión es digital.
En las redes sociales —especialmente en TikTok, X (Twitter) e Instagram— se informan, critican y debaten sobre temas políticos sin filtros.
Este nuevo espacio ha permitido que surjan líderes informales, influenciadores y comunicadores independientes que, a través de la ironía o el análisis, representan el sentir popular mejor que muchos políticos tradicionales.
Pero también ha fomentado un activismo fragmentado y efímero: la indignación dura lo que dura un video viral.
Aun así, las redes sociales han abierto un canal de participación simbólica donde el joven dominicano puede opinar, denunciar y expresarse libremente, aunque no siempre crea que su voz tenga un efecto real.
El desafío de recuperar la confianza
Reconstruir el vínculo entre la juventud y la política es uno de los grandes retos del presente.
Para lograrlo, no bastan los discursos ni las promesas.
Se necesitan acciones visibles, coherentes y sostenidas que demuestren que los jóvenes son más que un voto.
Los programas de empleo juvenil, becas o apoyo al emprendimiento no deben ser herramientas de campaña, sino políticas permanentes.
De lo contrario, la distancia entre el poder y la gente seguirá creciendo, alimentando el escepticismo y la apatía.
“La juventud no está desinteresada en la política, está cansada de ser ignorada”,
puntualiza Yokeira Rivas en su análisis.
Conclusión y análisis: la generación que exige hechos, no discursos
El desencanto político de los jóvenes dominicanos no surge del desinterés, sino de la decepción.
Es el resultado de años de promesas incumplidas, de políticos que solo visitan los barrios en campaña y de un sistema que rara vez escucha al pueblo joven.
Desde Entérate Cómo, Yokeira Rivas plantea una reflexión necesaria:
La juventud dominicana no ha dejado de creer en el país, ha dejado de creer en quienes lo gobiernan.
Y mientras los líderes no comprendan esa diferencia, seguirán hablando solos ante una generación que ya no los escucha.
