Santo Domingo.– La palabra “desaparecido” encierra una de las realidades más duras que puede enfrentar una familia: la ausencia sin respuestas. Es un término que no solo describe una condición legal o policial, sino una herida abierta que se alimenta de preguntas, esperanza y una búsqueda que parece no tener final.
Una lista marcada por la incertidumbre y la espera
Para miles de personas en el mundo, la única pista sigue siendo una fotografía, un nombre y un registro en una base de datos. En ese contexto, la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol) dispone de un sistema conocido como “Notificación Amarilla”, una alerta internacional utilizada para localizar personas desaparecidas, ya sea por secuestro, sustracción parental o desapariciones sin explicación.
Actualmente, Interpol mantiene 11,183 notificaciones amarillas activas en todo el mundo, y de ese total, 41 corresponden a ciudadanos dominicanos.
El caso más reciente: una niña de tres años
La alerta más reciente es la de la pequeña Brianna Genao Rosario, de apenas tres años, reportada como desaparecida el 31 de diciembre de 2025 en Barrero, Imbert, provincia Puerto Plata, y formalmente incluida en la base de datos de Interpol el 19 de enero de 2026.
Su caso encabeza una larga lista de nombres que, con el paso de los años, se han ido sumando a un registro que refleja una tragedia silenciosa y persistente.
Jóvenes, adultos y niños: los casos más recientes
Entre los desaparecidos figura José Luis Vásquez Romero, quien hoy tendría 28 años y fue visto por última vez el 4 de agosto de 2025.
También está el niño Roldanis Calderón Vargas, desaparecido en marzo de 2025 en Manabao, La Vega, cuando apenas tenía tres años.
Desde septiembre de 2024 no se tiene rastro de Dauris Gutiérrez Cáceres, quien habría sido visto por última vez en Tamaulipas, México, y que actualmente tendría 35 años.
Otro caso es el de Edgar Miguel Veloz Tirado, desaparecido en 2024 en Cockburn Town, Islas Turcas y Caicos, a los 41 años.
En marzo de 2023 fue visto por última vez en Madrid, España, Ernesto Sánchez González, hoy de 40 años, reconocido por llevar el cabello largo con rastas.
Viajes sin retorno y desapariciones en altamar
En septiembre de 2022 desaparecieron José Agustín Reyes Prado y Franklin Taveras Peralta, quienes viajaban en una travesía ilegal rumbo a Florida. Tenían 33 y 39 años respectivamente.
También figura el grupo de pescadores desaparecidos en Samaná en 2020:
Mártires Medina Roustand (43), Mártires Medina Calcaño (21), Ángel Gerónimo (22), Ismael Dishmey Avelino (28), Miguel Deogracia (39) y Víctor Manuel Verás Rodríguez (51).
Casos que se remontan más de una década
En 2018 desapareció Mariseida Sayas, nacida en Bajos de Haina. Hoy tiene 33 años.
En 2017 se reportaron las desapariciones de Domingo Figuereo de la Rosa (19) y Casimira Brito de la Cruz (43).
En 2016 se perdieron Tinmarsan Lantigua de la Cruz y José Alberto Hernández.
En 2013 desapareció la niña Alexandra Leidy Mejía Vallejo, de 12 años, en Santo Domingo. Ese mismo año también fueron reportados como desaparecidos:
Mercedes Encarnación Encarnación, Desirée del Carmen Mojica Ruiz, Yohelisa Cepeda Arias, Ángela Jiménez, Gloria Maciel Romero González y Félix Antonio Santana Martínez, este último en Johannesburgo, Sudáfrica.
Más nombres que siguen esperando respuestas
En 2012 desaparecieron Brenda Gómez y Rossi Emilia de los Santos Pérez.
También figuran en la lista:
Reynaury Aracena Reyes, Mitry Rachel Rodríguez Matos, Yajaira Alcántara Ogando, Alexandra Alvarado Francisco, Damaris Eunice David Henry, Josefa María Almeyda, Diana Carolina Gil, Eridania Rodríguez Lasosie y Mercedes María Pérez Caro.
En 2007 se reportó la desaparición del niño Hashim Khan Brea, de ocho años.
En 2005 desaparecieron los hermanos Hannah Leah Platovsky García y Benjamín Aarón Platovsky García, cuando tenían apenas tres y dos años.
Y uno de los casos más antiguos es el de María Elizabeth Canela, desaparecida en el año 2001, cuando tenía 11 años, en Monte Cristi.
Una lista que no debería seguir creciendo

Cada uno de estos nombres representa una familia detenida en el tiempo, una búsqueda que no se apaga y una herida que sigue abierta. Mientras Interpol mantiene activas las alertas, en República Dominicana y en otros países del mundo aún hay hogares esperando una llamada, una pista o un regreso que, para muchos, ya tarda demasiado.
