El costo de la vida en República Dominicana: entre el discurso oficial y la realidad del pueblo. El gobierno de Luis Abinader asegura que hoy los dominicanos viven mejor que antes, pero en las calles se siente otra realidad: los precios suben, el dinero no alcanza y la gente duda de las cifras oficiales.
Contraste entre los números y la realidad
El presidente Luis Abinader insiste en que, según las estadísticas, el país vive mejor que antes. En sus palabras, el actual gobierno ha logrado estabilidad económica y control de la inflación, permitiendo que los dominicanos “compren más con el mismo dinero”.
Sin embargo, la opinión en las calles es completamente diferente.
Mientras el gobierno presenta gráficos optimistas durante La Semanal con la Prensa, los ciudadanos aseguran que el costo de la vida está por las nubes y que el salario ya no rinde ni para lo básico.
Discurso oficial: un país que “vive mejor”
En cada intervención pública, el presidente reafirma su compromiso de dejar un país mejor que el que encontró.
Desde el Palacio Nacional, el mensaje es claro: los programas sociales, los subsidios a los combustibles y las políticas económicas han mitigado los efectos de la crisis global.
Abinader sostiene que el sueldo actual permite adquirir más productos que en gobiernos anteriores, y que los indicadores del Banco Central muestran una inflación contenida y un crecimiento sostenido.
Pero entre el discurso y la cotidianidad existe un abismo.
Los ciudadanos que día a día hacen sus compras en el colmado o el supermercado no sienten esa mejora. Lo que ven es que el dinero se acaba antes de que termine el mes.
La realidad en las calles: el dinero no alcanza

En los barrios, mercados y paradas del transporte público, la historia es otra.
La mayoría de los dominicanos aseguran que la vida está más cara que nunca, y que los precios de productos esenciales —como el arroz, aceite, pollo, habichuelas o pan— suben sin control, aunque las autoridades digan lo contrario.
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“Dicen que con el sueldo de ahora se compra más, pero que me expliquen dónde.
Uno va al colmado y todo está más caro cada semana”,
comenta Juana Martínez, ama de casa del sector Capotillo.
“Antes con mil pesos uno resolvía para el día, ahora no alcanza ni para el almuerzo”,
expresa José Ramírez, motoconchista de Los Alcarrizos.
Estas voces reflejan una desconexión evidente entre las estadísticas oficiales y la realidad económica del pueblo.
El poder de las estadísticas: ¿realidad o estrategia política?
Durante La Semanal con la Prensa, el gobierno muestra cifras que apuntan a un país más estable.
Según el discurso oficial, la inflación ha sido controlada, la canasta básica se ha estabilizado y los salarios mínimos han aumentado.
Sin embargo, economistas independientes advierten que esas cifras no reflejan el costo real de los alimentos y servicios que consume la mayoría.
En términos simples: los precios aumentan más rápido que los ingresos, y el poder adquisitivo del dominicano promedio ha disminuido.
En consecuencia, mientras las estadísticas pintan progreso, la gente siente retroceso.
Un silencio oficial ante el descontento ciudadano
Lo más preocupante es la falta de autocrítica desde las instituciones.
En lugar de reconocer la crisis del costo de la vida, el gobierno prefiere defender sus números y sostener que el malestar popular es “percepción” o “politización”.
Pero en la calle, el descontento es palpable.
La gente siente que nadie habla por el pueblo, que las autoridades están desconectadas de la realidad y que la comunicación gubernamental ha reemplazado las soluciones por justificaciones.
“El presidente puede decir lo que quiera, pero en los colmados se ve la verdad”,
afirma una vendedora del Mercado Nuevo.
Análisis y opinión final: entre la verdad estadística y la verdad del pueblo
La brecha entre los datos oficiales y la experiencia ciudadana se ha convertido en uno de los mayores retos del actual gobierno.
Mientras el presidente Abinader habla de progreso y buenas intenciones, la gente vive bajo el peso de los altos precios, el transporte caro y los salarios insuficientes.
En política, la percepción es tan poderosa como los números.
Si el pueblo no siente el bienestar que se promete, las cifras pierden credibilidad.
Y si el gobierno no escucha ese clamor, corre el riesgo de desconectarse del corazón social del país.
Para concluir, el costo de la vida en República Dominicana sigue siendo el mayor enemigo del bolsillo y la esperanza.
Y aunque el presidente asegure que quiere dejar un país mejor, el pueblo aún espera ver ese cambio reflejado en su mesa, no solo en los informes oficiales.
